jueves, 25 de septiembre de 2014

Los Esclavos Perfectos

Imaginad que quisiéramos tener esclavos: ¿cómo debería ser el esclavo ideal?

El principal problema de los esclavos es que no les gusta ser esclavos. Tienden a rebelarse. Y esto, aparte de peligroso, es muy complicado de manejar. Por tanto, el esclavo debería ser sumiso.

Pero eso aún no sería suficiente. Lo ideal sería que pudiéramos inculcar a los esclavos, desde que nacen, que la esclavitud es el orden natural de las cosas. Que así es como debe ser. De este modo, si a algún esclavo se le pasara por la cabeza que eso no está bien, el resto de esclavos se encargarían de reprimirle.

Cuando le explico a alguien en qué consiste la Renta Básica Universal por primera vez, en muchas ocasiones, puedo ver el momento de sorpresa en el que llegan a una conclusión: pero con este sistema, ¡una persona podría vivir sin trabajar! Y te miran como si estuvieras loco, como si estuvieras proponiendo que la gente pudiera dejar de respirar.

¿Y qué pasa si alguien puede vivir sin trabajar? Ciertamente, no se acaba el mundo. De hecho, ya hay millones de personas que viven sin dar un palo al agua. Y les va divinamente, porque son los amos y señores de todos los demás.

¿Por qué nos escandalizamos ante la idea de la Renta Básica? Porque llevamos siglos adoctrinados en el culto al trabajo, hasta el punto de que somos incapaces de concebir la vida sin él. Somos los esclavos ideales: estamos tan bien domesticados, que hemos llegado a creer que la esclavitud es el orden natural de las cosas.

Como ya dije en un post anterior, todos somos esclavos. Pero en realidad es mucho peor: somos los esclavos perfectos.


martes, 16 de septiembre de 2014

Telecomunicaciones Gratis para Siempre

Me gustaría hacer una reflexión breve sobre cómo la tecnología reduce contínuamente el coste de los bienes y servicios, pero a pesar de ello las grandes empresas se aferran a modelos de negocio obsoletos con la connivencia de los gobiernos y la pasividad de la mayoría de los ciudadanos.

Recientemente Google ha adquirido la empresa Titan Aerospace, empresa que fabrica drones solares. Se trata de aviones de 15 metros de envergadura, ligeros, autónomos y propulsados mediante energía solar. Tienen una autonomía, abróchense los cinturones, de 5 años sin tocar el suelo. Y entre sus principales usos están proporcionar telecomunicaciones en zonas remotas y tomar fotografías y vídeos del terreno.

Pensemos en lo que esto significa, y para poner un ejemplo claro, hablemos de España. ¿Qué costaría cubrir nuestro país de drones que pudieran dar telefonía e internet a todos los ciudadanos, en cualquier lugar?

Uno de estos drones, el Solara 60, vuela a 20 km de altitud, con lo que podría cubrir fácilmente 20x20 kilómetros de superficie. Pero pongamos que queremos situarlos más densamente para tener redundancia, cada 10 km. De este modo, necesitaríamos un dron por cada 100 kilómetros cuadrados.

España tiene una superficie total de unos 500.000 kilómetros cuadrados, de modo que necesitaríamos 5000 drones. El Solara 60 tiene un precio aproximado de 1,5 millones de euros (precio que sin duda se reducirá enormemente en el futuro, pero mantengamos esta cantidad). Por tanto, estamos hablando de 7.500 millones de euros.

Los ingresos de Telefónica el año pasado fueron de casi 60.000 millones de euros.

Por lo que los españoles pagamos en telefonía e internet en un mes, podríamos tenerlo gratis para siempre.

La tecnología está cambiando nuestro mundo a un ritmo tan vertiginoso que no nos damos ni cuenta. Vivimos ya en la Era de la Abundancia, pero nuestro propio egoismo nos impide darnos cuenta de ello.