domingo, 24 de agosto de 2014

La Fábrica Perfecta

Imagina que mañana, una multinacional inventa la Fábrica Perfecta.

Esta fábrica no necesita trabajadores. Funciona con energía solar y extrae todos los materiales que necesita del subsuelo. Y es capaz de producir cualquier cosa. No sólo móviles, lavadoras o coches; también comida, combustible... cualquier cosa que una persona pueda necesitar.

¡Imaginatelo! Todas las necesidades de todas las personas del mundo cubiertas, ¡Gratis!

Pero hay un problema.

Estas fábricas son propiedad de la multinacional, que ha invertido mucho dinero en crearlas. Están patentadas, por supuesto, por lo que nadie más puede hacer una. Y, como toda empresa, esta multinacional busca sacarle a su creación el máximo beneficio posible.

Una tras otra, todas las fábricas del mundo cerrarían, al no poder competir. Y todos los trabajadores del mundo se quedarían sin trabajo, incluso aquellos que habían trabajado en diseñar y construir estas fábricas. Todos los habitantes del planeta quedarían arruinados, excepto los accionistas de la multinacional, que verían aumentar sus fortunas hasta lo inimaginable.

¿Te parece que este escenario es ciencia-ficción? Deberías saber que este proceso ya está en marcha.

No se está produciendo de la noche a la mañana. Tampoco lo está haciendo una sola empresa, sino muchas. Pero la tendencia está clara: cada día, las fábricas de todo el mundo producen más y mejor, con menos empleados y a menor coste. Con efectos lentos pero inexorables. Y devastadores.

Estos efectos son claros y evidentes. El aumento de la desigualdad en el mundo es un proceso constatado. Si seguimos como hasta ahora, sin ninguna duda, los ricos serán cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. La situación actual, ya insostenible, no hará sino ir a peor. ¡Disponiendo de una tecnología que podría convertir el mundo en un paraíso para todos!

Debemos darnos cuenta de que nuestro sistema socioeconómico está al borde del colapso, porque está diseñado para un mundo que ya no existe. Estamos entrando en la era de la abundancia, pero si no cambiamos las reglas, sólo habrá abundancia para unos pocos, y miseria para todos los demás.



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